Por: Alejandro Cabrales
Tijuana, Baja California, Lunes 17 de Mayo 2010, 12:31 am
Hoy no puedo dormir, me he quedado pensando en que este mundo no es más que una fórmula aplicada una y otra vez. Creo que hemos subestimado a la sociología, muchas veces puede ser tan exacta como cualquier otra ciencia matemática. Recuerdo a maestros siempre decir que nuestra generación está perdida, que en sus tiempos las cosas eran diferentes y de mejor calidad que la nuestra. Vivo todos los días rodeado de gente que parece siempre hablar de cómo las caricaturas de la década de los noventa eran las mejores y que lo que hoy en día se ve es porquería. Entro a internet y todo lo que miro es gente alegando de cuanto era mejor Dan Fouts en comparación con Phillip Rivers, de cómo Led Zeppelin es la mejor banda y cualquiera que diga lo contrario está equivocado, de cómo Street Fighter II siempre será el mejor juego de peleas. Claro siempre que miro esto e intento interactuar lanzando una de las más simples preguntas: ¿Por qué?
Me resulta cómico, nadie nunca tiene una respuesta que no sea algún aspecto trivial que no lleve a nada o una crítica destructiva contra lo que se le compara. Es naturaleza humana, y mientras siga corriendo el tiempo y la gente se siga exponiendo a los medio masivos de comunicación, existirá esa supremacía que conlleva la nostalgia conforme surgen generaciones.
Ahora, se preguntan: ¿Qué tiene esto que ver con los videojuegos?.
Yo les respondo que acabo de tener una ligera discrepancia con uno de nuestros compañeros fundadores. Hablamos sobre emuladores.
Me considero una persona en pro del avance humano, no me malinterpreten, aprecio el pasado como una valiosa base de datos que nos ayuda a superarnos a nosotros mismos o a disfrutar de cosas más simples.
De manera obvia apoyo ferozmente el uso de emuladores como la experiencia definitiva al reproducir lo que conocemos como joyas valiosas del pasado. Mi buen amigo difiere diciéndome que hay gente que prefiere la consola.
Hablábamos del NES ya que hace unos días le dio un choque nostálgico y empezó a armar su colección de NES desde 0. Me parece algo ambicioso; pero sin sentido, debido al fácil acceso que se tiene a los emuladores.
Cuando me respondió eso, lancé mi pregunta favorita: “¿Por qué?”
Me respondió diciéndome que no le preguntara eso, pero al ver que mi actitud no salía de inconformidad me dijo que prefería el control.
Decidí argumentar más sobre las ventajas del emulador: Disponibilidad de todos los juegos de todas las regiones, algunos incluso traducidos; control más cómodo; adaptadores para control clásico en caso de que se les haga más cómodo el original; se evitan las molestias que conllevaba el mantenimiento del cartucho y/o consola; se puede jugar online; es portátil y además, es gratuito. Incluso uno pensaría que hace daño a la industria; sin embargo, estamos hablando de juegos descontinuados y cuya única manera de adquirirlos es de segunda mano.
El solo regresó a su respuesta original, y dijo que había gente que lo prefería en la consola.
Yo simplemente argumenté que no podía encontrar respuesta válida al hablar de comodidad y funcionalidad.
Entiendo que la nostalgia es naturaleza humana pero debemos aprender a dejarla como lo que es y no como una forma de vida. No es práctico y en el mundo de los videojuegos, lo que importa es la calidad y disponibilidad del juego.
Ahora, haré uso de la nostalgia inofensiva y me pondré a jugar Mother, de la manera práctica, ejecutando mi emulador de NES, buscando mi rom traducido y conectando mi control ergonómico. Les deseo suerte a aquellos que decidan modificar su NES, ordenar su juego por internet, esperar a que llegue, verificar si funciona y aprendan japonés.